Sanar el espíritu, la mente y el cuerpo

La adicción no solo daña el cuerpo de la persona; también afecta a su mente y su espíritu. Por ello, la verdadera recuperación de la adicción se centra en la sanación de estos tres aspectos de nuestra vida. Al trabajar hacia la recuperación en cada una de estos aspectos, las personas deben entender que solo mediante la expiación de Jesucristo y Su evangelio puede venir la sanación plena.

Sanar el espíritu

Conservar la salud del espíritu es algo tan importante como cuidar del cuerpo. Cuando las personas no reciben la nutrición y la luz espirituales que su espíritu necesita para crecer, se hacen vulnerables a comportamientos que normalmente no les llamarían la atención. El presidente Spencer W. Kimball enseñó: “Jesús veía el pecado como algo malo, pero también lo veía como algo que provenía de necesidades profundas e insatisfechas de parte del pecador” (Véase “Jesús: El líder perfecto”, Liahona, agosto de 1983, pág. 8). Cuando las personas sienten un vacío en sus vidas, a menudo intentan llenarlo con otras cosas; los que tienen adicciones tratarán de llenar ese vacío con acciones que derivan de sus conductas adictivas. Estas acciones destructivas los alejarán más aún de la luz del Padre Celestial, por lo que les será más difícil vencer la adicción. A continuación, verá la historia de un hombre, cuyo espíritu fue sanado al recuperar el control de su vida luego de estar por años esclavizado a las drogas y el alcohol.

 

Sanar la mente

Por causa de la adicción, el cerebro se condiciona química y neurológicamente a estar dependiente de conductas, actitudes y substancias externas. Muchas veces, quienes luchan con una adicción no se dan cuenta de que tienen una dependencia que escapa de su control; ellos solo ven su conducta adictiva como un escape del dolor y como algo que los hará sentir mejor. Parte del proceso de sanación consiste en llegar a ser conscientes de nuestros pensamientos negativos y de las justificaciones que nos damos para obrar así. Desarrollar este estado mental de recuperación no es fácil, pero es necesario para recuperarnos de la adicción. A continuación sigue el relato de un hombre que desarrolló este estado mental y fue sanado de su adicción a la pornografía.

 

Sanar el cuerpo

Parte de nuestro propósito en la vida mortal es enseñar el autocontrol a nuestro cuerpo. La adicción hace que perdamos el control de nuestras ansias y apetitos, lo que puede ocasionarnos graves problemas de salud e incluso la muerte. Cristo puede sanarnos y ayudarnos a ser más como Él, en tanto aprendamos a controlar los deseos del hombre natural. El élder Russell M. Nelson enseñó: “Uno de los mayores desafíos que nos presenta la vida es hacer que prevalezcan las necesidades espirituales sobre los apetitos físicos” (“Vicio o libertad”, Liahona, enero de 1989, pág. 9). A continuación, la historia de una mujer que luchó por lograr el control sobre su cuerpo hasta superar su adicción a los fármacos por prescripción y fue sanada gracias a la expiación de Jesucristo.

 

 

 

“La felicidad no proviene de la perfección sino de aplicar los principios divinos, aun cuando sea en pequeños pasos”.-Presidente Dieter F. Uchtdorf, Conferencia General de octubre de 2012