Sanar juntas

La historia de Samantha


Una madre consuela a su hija

Mi hija tuvo muchos problemas en la escuela secundaria, incluso el abuso de alcohol. Después de la escuela secundaria y tras casarse parecía estar bien, pero con el tiempo ella y su esposo se volvieron adictos a los fármacos por prescripción para el dolor. Aunque mi hija era quien tenía la adicción, toda nuestra familia se vio afectada.

Antes de saber que mi hija y su esposo estaban abusando de los medicamentos para el dolor, de vez en cuando nos pedían una pastilla para el dolor que a mi esposo le habían recetado para tratar sus problemas de espalda. No nos dimos cuenta de que se estaban volviendo adictos a los medicamentos para el dolor y creíamos que los estábamos ayudando cuando les dábamos las pastillas.

Con el tiempo, la situación fue empeorando. Nos robaron medicamentos a nosotros y a los padres de su esposo. En varias ocasiones nos planteamos llamar a la policía, pero no lo hicimos hasta que nos robaron un arma con la intención de hacerse daño. Sus adicciones los habían llevado a la desesperación y no veían otra salida. Después de que fueran a la cárcel por robar el arma, me di cuenta de que me había equivocado al no avisar antes a la policía. El detective nos dijo que en la cárcel estaban seguros. En ese momento me costó entenderlo, pero más adelante me di cuenta de que lo que dijo era verdad, porque en la cárcel no podían consumir drogas.

A lo largo de esta experiencia, en varias ocasiones he sido bendecida con la inspiración del Espíritu Santo. Estaba muy preocupada por mi hija, pero el Espíritu me testificó que todo saldría bien y que ella estaría bien. De forma milagrosa, mi hija fue condenada a realizar el programa de drogas del tribunal y ella y su esposo pudieron recibir juntos el asesoramiento para parejas que ofrece el programa.

Cuando salió de la cárcel, mi hija y yo asistimos juntas a las reuniones del Programa para recuperarse de las adicciones y a las reuniones de Narcóticos Anónimos. He intentado participar en su recuperación y eso también me ha ayudado a sanar a mí. Las reuniones del PRA tienen mucho poder porque el Espíritu se siente con gran fuerza allí. No se puede describir lo asombroso que resulta estar entre un grupo de personas que juntas se esfuerzan para ayudarse las unas a las otras. Durante todo este tiempo, ofrecimos muchas oraciones por mi hija y su esposo. Sé que su recuperación y nuestra recuperación no serían posibles sin el Padre Celestial.

En un momento determinado durante su adicción, me desperté de un sueño en el que vi a mi hija y a su esposo como si estuvieran perdidos y no pudieran encontrar el camino. Ahora ese sentimiento ha desaparecido y sé que se encuentran bien. Mi hija y su esposo llevan dos años limpios gracias al poder de la Expiación. Cristo se preocupa mucho por cada uno de nosotros, también por las personas que sufren adicciones. Él no quiere que se pierdan, quiere ayudarlas. He visto muchos cambios enormes tanto en su vida como en la nuestra gracias a nuestra fe en nuestro Padre Celestial.