Un cambio en el corazón

La historia de Heidi


Una hoja con forma de corazón.

Me he conservado sobria y libre de drogas y alcohol desde diciembre de 2004. Cuando mi vida cambió, lo hizo de un modo que nunca creí posible.

Antes de mi recuperación, yo había estado sufriendo en una relación abusiva, de la que sabía que debía librarme. Mi pareja y yo habíamos caído demasiado en nuestras adicciones como para mantener una relación saludable. Cuando perdí mi empleo, supe que debía cambiar de vida, o me iba a ver en graves problemas. Todo en mi vida parecía derrumbarse y no veía final a mi sufrimiento. Por más de un año, estuve contemplando a diario la posibilidad del suicidio, diciéndome cada día: “Hoy no, quizás mañana”.

Cuando mis defensas estaban demasiado débiles para seguir sosteniéndome, me arrodillé y oré por primera vez en cinco años. Sabía que por causa de mis adicciones no estaba viviendo como debía y deseaba detenerme. Le rogué al Padre Celestial que me ayudara a cambiar el terrible rumbo que llevaba mi vida. Decidí dejar mis adicciones a las drogas y al alcohol.

Las bendiciones que siguieron a esta decisión vinieron rápidamente. Tras haber estado sobria el primer día, mi abusivo novio fue arrestado y nunca más lo volví a ver. Tres días después de mi oración, asistí a mi primera reunión del Programa para la recuperación de adicciones, donde sentí la dulce influencia del Espíritu por primera vez en cinco años.

Llevaba cuatro días sobria, cuando vinieron las maestras visitantes a mi casa para llevarme a una actividad de la Sociedad de Socorro. A los 14 días de abstinencia, volví a trabajar, y a los 60 días, retomé mis estudios. A los tres años, terminé mi licenciatura, y a los cinco una maestría. Cuando me casé con mi esposo en 2010, ya llevaba seis magníficos años de sobriedad.

En la actualidad, trabajo como consejera sobre adicción a drogas y alcohol, y me esfuerzo por ayudar a otras personas a vencer sus adicciones. Ahora cuento con la esperanza, el amor y la fe en mi Salvador para superar cualquier cosa. En el correr de los años que llevo sobria, el Padre Celestial me ha sanado y ha concedido paz. He aprendido a perdonarme a mí misma y a aplicar la Expiación a diario. Mi transición hacia la recuperación comenzó con una sencilla oración y un cambio en el corazón.