Él vino a rescatarme

La historia de Jerome


Cristo lleva a un cordero sobre Sus hombros

Soy anestesiólogo y estoy recuperándome de una adicción a los narcóticos por vía intravenosa. Como tengo fácil acceso a las drogas debido a mi trabajo, comencé a consumir narcóticos diariamente y me hice adicto rápidamente. Pronto me sentí completamente incapaz de controlar mis ansias y caí en una total dependencia. Yo sabía que estaba pisando un terreno peligroso, así que decidí que debía internarme en un programa de rehabilitación. Escogí este método, pensando que tenía que apartarme completamente de mi ambiente rutinario. Estaba atrapado y necesitaba recuperarme.

Los primeros dos o tres días del programa, clamé al Padre Celestial que me ayudara. Le pedí que apartara de mí la obsesión por los narcóticos y oré para se produjera un milagro. Con el tiempo sentí cómo se retiraron las ansias y, sorprendentemente, nunca experimenté los síntomas de abstinencia, aunque había estado consumiendo drogas por vía intravenosa a diario.

A pesar de este milagro, las consecuencias de mis actos en mi trabajo fueron graves. Me despidieron de mi puesto y tuve que renunciar a mis derechos de prescribir medicamentos. Afortunadamente, no perdí mi licencia médica, debido a que había ingresado en un programa de rehabilitación y pude pactar con el consejo médico de mi estado.

En mi segundo mes como paciente interno en el programa, sufrí una severa lesión en mi tobillo, que requirió cirugía. El Padre Celestial me bendijo para superar esto sin sentir ansiedad por la medicación de narcóticos analgésicos. Fue otro milagro.

No pude volver a ejercer como anestesista por dos años. Y cuando llegó el momento de volver, fui guiado por el Espíritu Santo al grupo médico de anestesiólogos perfecto para mí. El Señor conocía lo que hay en mi corazón y me ayudó a tener éxito nuevamente.

Mi vida actual es un milagro. Tengo una maravillosa esposa que me apoya y cinco hermosos hijos. Soy un respetado anestesista dentro del grupo de anestesiólogos, y trabajo para más de diez hospitales y centros quirúrgicos de la localidad. Asisto a la Iglesia regularmente y tengo llamamientos. También asisto a las reuniones de Alcohólicos Anónimos varias veces a la semana, porque sé que la participación activa en ese programa debe formar parte de mi vida habitual, si deseo permanecer sobrio.

Sé que gracias al amor que Jesucristo siente por mí, milagrosamente fui liberado de mi adicción a los narcóticos por vía intravenosa. Debido al poder de la Expiación, he podido perdonarme a mí mismo y he sentido alivio del sentimiento de culpa por la adicción.

Sé que he sido bendecido enormemente y procuro compartir con los demás el milagro de la recuperación. Hace pocos años, me hallaba desesperado y cautivo, pero el Padre Celestial tenía un plan para rescatarme.