Apoyarse en la fe

La historia de Jenna


Una plantita crece entre las cenizas.

Comencé a fumar marihuana temprano en mi adolescencia; lo hacía a diario, varias veces al día. Mis padres lo descubrieron cuando tenía dieciséis años y me pusieron en un centro de rehabilitación para pacientes externos. Fue una solución temporal, pero en mi interior yo aún no había cambiado.

Posteriormente, nos mudamos e hice un nuevo círculo de amigos en mi nueva ciudad. Estaba en mi último año de bachillerato y comencé a beber fuertemente, además de fumar marihuana. Apenas logré graduarme. Me mudé para ir a la universidad, donde seguí bebiendo y anduve en fiestas casi todos los días. Por ello, nunca asistía a clases y no aprobé las materias. Fue cuando me expulsaron de mi apartamento y vi hacia donde iba con mi vida, que finalmente decidí por mí misma que debía cambiar. Tenía diecinueve años cuando ingresé voluntariamente en un programa de rehabilitación para pacientes externos, pero unos meses después me desanimé y lo abandoné. Rápidamente volví a mis antiguos hábitos.

Unos años después, conocí a un hombre que me interesó y comenzamos a salir. Pronto me di cuenta de que la vida que había vivido hasta entonces no era la vida que yo había soñado. Yo quería casarme en el templo. Dejé mis adicciones para poder salvar nuestra relación y casarnos.

Si bien permanecí libre de mis adicciones, aún había asuntos que yo no había resuelto antes del matrimonio. Así que luego de cinco años de matrimonio, mi esposo y yo presentamos la demanda de divorcio. Pensé en volver a mis antiguas costumbres de andar de juerga, como una forma de paliar el dolor. En cambio, mis padres me dieron el apoyo que tanto necesitaba y me sugirieron que viera a un orientador profesional.

Estuve asistiendo a sesiones con un orientador SUD por un año y medio. Comencé por tratar el dolor del divorcio, y finalmente empecé a aceptar mis adicciones y otros asuntos que yacían enterrados en mi interior desde mis primeros años de adolescencia. Mi orientador recomendó que asistiera a las reuniones del Programa de recuperación de adicciones, aun cuando me había conservado limpia por más de cinco años. Sin embargo, las reuniones me ayudaron a aprender mejor los principios del Evangelio que se encuentran en los 12 pasos. Gracias a la orientación profesional, al Programa de recuperación de adicciones y a mantenerme activa en la Iglesia, aprendí a apoyarme en mi fe para poder salir adelante en la peor época de mi vida. Aprendí que la Expiación no sólo sirve para nuestro arrepentimiento, sino que puede sanar nuestros corazones rotos y enseñarnos a perdonar a los que nos han herido.

El año pasado cumplí una década de conservarme sobria. Me siento inmensamente satisfecha por este logro. He conocido a un hombre maravilloso y me he vuelto a casar y nos sellamos en el templo. Mi vida ahora es más calmada y apacible que como solía ser.

Creo que el Programa para la recuperación de adicciones es una herramienta increíblemente útil para todo tipo de adicciones. Ha hecho una gran diferencia en mi vida y me ha permitido conocer personas que han sido una inspiración y ayuda en mi sendero para hallar la felicidad.